La influencia europea en el arte colonial quiteño

Nada se conoce sobre la pintura prehispánica en el Ecuador, en gran medida por la ausencia de estudios sobre el tema. Se sabe que, incluso ante de la llegada de los Incas, nuestros indígenas eran hábiles en el trabajo de la cerámica, la metalistería y la orfebrería, y la existencia de decoraciones realizadas con diversas técnicas pictóricas permite suponer que la pintura no era del todo desconocida.


Pese a ello, este arte casi no ha dejado huella, a diferencia del que se desarrollaría en el siglo XVI y principios del siglo XVII. Es evidente que el influjo europeo fue predominante y tuvo varios mecanismos de difusión en la naciente ciudad de Quito:

  • El oficio de artistas extranjeros y la enseñanza que algunos de éstos artistas impartieron en el Colegio de San Andrés.

  • La importación de obras de arte, y

  • La utilización de grabados europeos como fuentes de inspiración.


La corriente artística europea típica del siglo XVI y que fue difundida en el arte quiteño, es aquella a la que se ha denominado manierismo. El manierismo se caracteriza por el rebuscamiento en la composición, en el diseño de la figura humana alejada de los cánones clásicos (se adelgaza y adopta formas serpenteantes) y en los efectos casi poéticos de luz y color. Su influjo avanzó de Italia a los Países Bajos (donde prevalecía el arte flamenco) y a Francia, antes de extenderse al resto de los países europeos entre los que estaba España.


El manierismo flamenco aceptó fácilmente el italiano, gracias al ambiente humanista estimulado por la Universidad de Lovaina y por contactos directos con Italia, e instituyó dos polos: Malinas, ciudad donde fue criado el futuro emperador Carlos V, rey de España, y Amberes, donde se realizarían la mayoría de grabados de la época. El estilo italiano se caracterizaba por un progresivo interés hacia lo natural, que se traduce en el empleo de elementos de realismo, y que desembocaría en el renacimiento, con el humanismo (una postura de rebelión contra lo gótico y lo medieval).


El manierismo flamenco aportaría al mundo artístico el uso de la pintura al óleo y un nuevo concepto de lo espacial, de lo real y de la profundidad sicológica empleada en el retrato.


El manierismo español había surgido con la incorporación del manierismo flamenco a la fuerte tradición gótica que se mantenía en el arte. De allí, que las características góticas sean predominantes en la pintura manierista española, como por ejemplo: el uso de dorados en los fondos, el hieratismo en las figuras, la incorporación del retrato o ciertos elementos heráldicos del noble donante que encargaba la hechura de las pinturas, y las soluciones simples, como la utilización de palabras que salen de los labios de los diferentes personajes. Las soluciones adoptadas del manierismo flamenco se circunscriben a la humanización de los temas religiosos, los fuertes contrastes de luz y sombra y la búsqueda de la perspectiva a través de los arcos y diseños de suelos embaldosados.


Oficio de artistas extranjeros


PINTURA


Los pintores españoles que trabajaron en Quito a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, como el caso de Juan de Illescas (1547), Mateo Mexía (1615) y Pedro de Vargas (fines del siglo XVI) introdujeron el manierismo español.



De Mateo Mexía, tenemos la pintura “San Francisco de Asís y los terciarios franciscanos” firmada y fechada en 1615, así como la pintura “La Anunciación atribuida a él, en las que se aprecian algunas de las características del manierismo español anteriormente descritas.


Inmaculada, San L. Gonzaga y San E. de Kotska

En el caso del artista español y jesuita Pedro de Vargas (1553-, que llega a Quito con la segunda expedición de jesuitas a finales del siglo XVI, podemos observar que su arte corresponde al manierismo español, a pesar de que fue discípulo del manierista italiano y también jesuita Bernardo Bitti (1548-1600?).


Vargas pintó la "Inmaculada" que se encuentra en el Salón de los Obispos de la Catedral Primada de Quito.


El manierismo italiano llega a través de Bitti. Él o uno de sus discípulos, hizo entre 1591 y 1592 la “Inmaculada con San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kotska” y la "Virgen y el Niño", obras que ahora forman parte de la colección del Convento de San Francisco, como consecuencia de la expulsión de los jesuitas sucedida en el siglo XVIII.


Inmaculada con San E. Kotska y San L. Gonzaga

Cabe decir que la Inmaculada presenta un aspecto rojizo, no por intención del artista, sino por efecto del paso del tiempo que ha hecho que estratos se hayan perdido dejando solo los estratos de base del pintor.


Sin embargo, el paso de los pintores españoles dejó poca huella en la naciente pintura quiteña.


El arte pictórico que mayormente influenció en el estilo quiteño fue el manierismo flamenco e italiano.



Virgen y el Niño





La influencia se dio primero, a través de las enseñanzas de Fray Pedro Gocial y de las pinturas flamencas traídas a Quito, y el segundo, a través de los italianos Bernardo Bitti y Angelino Medoro y del arte practicado por el dominico quiteño Fray Pedro Bedón, que fue influenciado por Alesio (italiano) durante su estadía en Lima a fines del siglo XVI.


El pintor italiano Angelino Medoro, nacido en 1565, estuvo en Quito en 1590 y dejó algunas obras que datan de fines del siglo XVI y principios del siglo XVII.


Medoro hizo el Escudo de la Familia Aza fechada en 1592 que se encuentra en el Convento de Santo Domingo.



Escudo de la Familia Aza

Posibles obras de Medoro, de izquierda a derecha son: la Virgen del Rosario en el Convento de San Francisco (muy deteriorada), el Descanso de la Huida a Egipto en el Convento de Santa Clara (de estado de conservación malo), que recuerdan el estilo de la pintura La Sagrada Familia con San Juanito y Santo Domingo, realizado por Medoro en Sevilla hacia 1602, al regreso a España después de permanecer en la Real Audiencia de Quito.

El arte italiano transmitido por ambos pintores Bitti y Medoro, y también practicado por el dominico Fray Pedro Bedón, recoge el manierismo desprendido de los italianos Federico Barocci, Salviati y Vasari.


ESCULTURA


La presencia de los escultores españoles Diego de Robles y el pintor, escultor y dorador Luis de Rivera; entre 1570 y 1583 (año de su muerte), fue determinante para el desarrollo de la escultura quiteña. En efecto, la escultura quiteña recibiría exclusivamente el influjo español y mudéjar, contrariamente a lo que sucedía con la pintura. La escultura española se caracterizaba por su exagerado realismo y arcaísmo: las imágenes incluían cabellos y uñas naturales, ojos de vidrio y vestimentas de tela encolada y policromada, siguiendo la costumbre utilizada en toda Europa durante la época medieval.


La importación de obras de arte


PINTURA


Luego de la conquista, el arte ingresó a través de obras pictóricas y escultóricas importadas desde España y otras partes de Europa, especialmente de Flandes, zona geográfica que a la fecha abarcaba territorios de Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Francia y Alemania. Algunas pinturas de estilo hispano-flamenco, flamenco o italianas realizadas sobre tabla, metal o alabastro, para soportar el viaje hacia América, deben existir en varios puntos del Ecuador.


Descanso de la Huida a Egipto

Lamentablemente, solo hemos encontrado tres en la colección del Convento de San Francisco, que analizaremos por antigüedad.


La primera es un óleo sobre tabla que representa el "Descanso en la Huida a Egipto", que bien puede ser atribuida al célebre manierista Federico Barocci, pintor y grabador italiano (1535-1612) o en última instancia a Bernardo Bitti de quien ya hemos hablado, y que trabajó en Roma junto al primero. Dedicaremos un artículo para hablar sobre esta interesante pintura.


La segunda es una pintura de estilo barroco temprano, es un óleo sobre latón o metal que representa a la Virgen y el Niño.


La tercera es un óleo sobre alabastro que representa la Adoración de los Reyes Magos, también de estilo barroco.

Es importante recordar la característica anacrónica de nuestro arte, pues el barroco italiano surge inmediatamente después del manierismo, a fines del siglo XVI y perdura durante todo el siglo XVII. Mientras que el barroco quiteño solo se consolida en el siglo XVIII.


El manierismo flamenco e italiano fue el que mayor aceptación tuvo en el naciente arte pictórico quiteño y el que más influencia ejercería. .


La importación de obras de arte continuó incluso hasta mediados del siglo XVII, como lo prueba la existencia, en el Convento de San Francisco de la pintura sobre lienzo de "San Francisco", atribuida a Francisco de Zurbarán (1598-1664) y basada en el juego de luces y sobras conocido como claroscuro, que es característico del tenebrismo.




ESCULTURA


Pero si bien el arte flamenco predominó sobre lo hispánico en la pintura quiteña del siglo XVI, no sucedió lo mismo con la escultura. Esta recibió el influjo del arte español, caracterizado por su marcado realismo. Las esculturas que fueron traídas desde España bajo pedido, algunas de las cuales pertenecen a los talleres de Jerónimo Hernández (1579); Juan Bautista Vásquez, el menor; Francisco de Ocampo (1622); Juan Martínez Montañez (1568-1648), confirieron a la escultura quiteña el realismo de la española.


La escultura quiteña utilizó además la tradición oriental en la decoración de las vestimentas -con los llamados chinescos (pigmentos colocados sobre laminillas de plata u oro)- y en el policromado de encarnes con un acabado brillante, cuando en España ninguna de las dos técnicas se utilizaba.


La utilización de grabados europeos


La pintura americana virreinal, y en especial la quiteña, se inspira en grabados flamencos, italianos y alemanes, predominando notoriamente los provenientes de Flandes, especialmente de la escuela de Amberes, que para la época pertenecía a la región de los Países Bajos de los Habsburgo.


La importación de grabados flamencos obedece al planteamiento de renovar el espíritu católico frente a la Reforma protestante. La Contrarreforma, sustentada por el Concilio de Trento y liderada por la Compañía de Jesús, utiliza el mismo medio al que anteriormente habían recurrido el humanismo y la reforma: la imprenta. Puesto que el planteamiento se basaba en la necesidad de que los fieles imitaran la vida de santos propuestos como arquetipos, era indispensable que los conocieran lo más rápidamente posible, es decir visualmente. Y el empleo del grabado resultaba ideal para esos efectos. Obviamente España, durante el reinado de Felipe II y siguiendo la tradición de los Reyes Católicos y de Carlos V, defiende el dogma a ultranza mediante la importación de material religioso impreso en Flandes, del que se provee en una de las imprentas más importante de Amberes: la de Martín Nuncio (Nuyts van Meere), que tuvo como sucesores a Cristóbal Plantin (1514-1589), Juan Moreto, Baltasar Moretus y Baltasar Moretus III.


La empresa editora, llamada Editorial Plantiniana, había recibido el nombramiento real de <<Prototypographus Regius>> por la impresión de la Biblia Políglota y monopolizó la impresión de todos los libros religiosos para España y América desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Eran ediciones magníficas y cuidadosamente impresas, ilustradas con buenos grabados al cobre, que servían como enciclopedias visuales de los dogmas de la fe cristiana, de la Cristología, de la Mariología y de la Hagiografía católicas.


Plantin y otros impresores de Amberes y de otros lugares de Flandes editaron, asimismo, miles de grabados, independientes o en series, sobre los más diversos temas de la religión cristiana: la vida de los santos, apóstoles, mártires, etc. Pero no todos los artistas conocían la hagiografía cristiana suficientemente como para poder interpretar cualquier pasaje de la vida de Cristo, de la Virgen o de los santos. Fue necesario buscar fuentes de la Edad Media que ya habían sido olvidadas, entre ellas La Leyenda Aurea (1266) de Jacobo de Vorágine, las Florecillas de San Francisco y sus frailes, y se escribieron otras obras como el Flos Sanctorum (1599) del padre Rivadeneira. Y entonces nació una verdadera escuela de hagiógrafos a fines del siglo XVI, que asesoraban a los artistas al momento de realizar los dibujos y luego los grabados.



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